Éxito Noticias, 2 de septiembre 2026.- Los inmisericordes bloqueos que soportó Bolivia por 53 días, en mayo y junio de 2026, han demostrado que hay cosas que pueden resultar dolorosas, como el perder dinero, la vida o la buena reputación, sin embargo, hay algo más: mientras que el dinero puede recuperarse con mucho trabajo y sacrificio, una vida perdida, es para siempre; igual suele ocurrir cuando la imagen de algo o alguien se deteriora, el daño puede ser irreparable. Estas tres situaciones se han dado en el país por causa de los bloqueadores y todos sufrimos las consecuencias. Pero, hoy quiero añadir a ello, algo muy peligroso: la pérdida de la esperanza.
¿Se acuerda del adagio que dice, la esperanza es lo último que se pierde? Se dice también que mientras hay vida, hay esperanza, pero, cuando esta se socava a nivel general, puede afectar el destino de un país, no solo a su economía, sino a la forma en que las personas piensan, sienten y toman decisiones.
El Informe Especial de Ipsos CIESMORI titulado “53 días que cambiaron el ánimo del país”, a partir de encuestas en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz, entre el 25 de junio y el 3 de julio de 2026, da a conocer el impacto de los bloqueos en los hogares, la afectación directa de los ingresos, las expectativas económicas y las decisiones de migración interna y externa, mostrando que la interrupción de las carreteras provocó una crisis que impactó en los mercados y centros de trabajo, pero, sobre todo, en los hogares, afectando el bolsillo, las expectativas y hasta los proyectos de vida de los bolivianos. ¡Muy preocupante!
87 de cada 100 encuestados dijo que su fuente de ingresos fue afectada por los bloqueos, principalmente en El Alto, Cochabamba y La Paz. El 34% sufrió por el aumento del costo de vida y el 20% por la pérdida de ingresos o su trabajo; un 19% debió cambiar su dieta por la escasez de alimentos y 11 de cada 100 personas sufrieron un alto estrés, ansiedad o temor por la incertidumbre.
Ese 87% refleja al trabajador que no pudo llegar a su fuente laboral; al productor que no pudo sacar su producción; al comerciante que no pudo vender; al transportista que sufrió las inclemencias del tiempo por estar varado; y, a las familias que vieron cómo sus ingresos ya no les alcanzaban para comprar, como antes. Pero, la verdadera tragedia es el cambio en las expectativas de la gente.
El estudio de Ipsos CIESMORI revela que un 75% de los hogares cree que su situación económica empeorará en los próximos seis meses: el que 3 de 4 cuatro personas tema un futuro de mayor estrechez económica no es algo menor: puede enfriar la economía al postergarse las compras, evitar gastos, frenar inversiones y abandonar nuevos emprendimientos, en suma, cuando se pierde la confianza se deja de arriesgar e invertir para crear riqueza y empleo.
Pero, hay algo aún más doloroso: la gente que empieza a pensar en irse. Según el Informe, 6 de cada 10 encuestados considerarían mudarse a otra región del país si hubiera una oportunidad laboral o comercial; en 4 de cada 10 hogares se ha conversado ya sobre la posibilidad de emigrar al exterior, mientras que el 7% ya tomó tal decisión, y un 34% dice que se iría si la economía no mejora.
¿No es doloroso que los jóvenes empiecen a pensar que las oportunidades están en otra parte? ¿Que una familia tenga que desarraigarse para trabajar en otra ciudad? ¿Que el sueño de progresar en su propia tierra se desvanece?
Por esto, el bloqueo no debe ser entendido como una protesta social, ya que no solo violenta los derechos de las personas a circular, trabajar, alimentarse y atender su salud con normalidad, sino que viola algo sagrado: su derecho a vivir en paz y a tener esperanza de un mejor futuro. ¡Bolivia ya tiene demasiados pobres para seguir permitiendo que la vida de millones sea afectada por unos cuantos!
Pero, en medio de tan negro panorama, hay una luz que alumbra: Según el Informe, Santa Cruz aparece como el destino preferido para quienes consideran migrar dentro de Bolivia: no solo que 6 de cada 10 personas escogería trasladarse a esta región, sino que la misma mantiene los mayores niveles de arraigo de sus habitantes. ¿Por qué? Porque la gente se queda donde hay oportunidades para trabajar, producir, progresar y echar raíces, y ¡eso es lo que justamente ofrece el exitoso Modelo de Desarrollo Cruceño, aún a los intelectualoides criticones!
La gran lección que dejan los 53 días de ignominiosos bloqueos es que Bolivia no necesita carreteras cerradas, sino caminos abiertos al trabajo, la inversión, la producción, las exportaciones y al progreso; precisa recuperar la confianza en quienes producen y todavía quieren construir aquí su futuro, porque una carretera puede desbloquearse, sin embargo, el miedo en el corazón de una familia puede durar para siempre.
De ahí que, a la luz de la dolorosa experiencia de aquellos 53 infames días, la ciudadanía reclama algo que es urgente, una Ley Antibloqueos para impedir que Bolivia siga perdiendo lo más difícil de recuperar: la esperanza de su gente…
Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional





