Éxito Noticias, 5 de enero 2026.- Durante la inauguración del año judicial en Sucre, el presidente Rodrigo Paz cuestionó este lunes las consignas de las recientes movilizaciones sociales contra el Decreto Supremo 5503, en especial, ‘Bolivia no se vende’ y afirmó que el país enfrenta una crisis profunda como resultado de dos décadas de deterioro institucional y mala administración de los recursos naturales. En su criterio, Bolivia atraviesa hoy un escenario de fragilidad económica y pérdida de confianza en el Estado.
El mandatario sostuvo que la falta de gas, la ausencia de explotación efectiva del litio y el debilitamiento del sistema judicial reflejan un modelo agotado que dejó al país sin bases sólidas para su desarrollo.
“Veía unas movilizaciones que decían ‘Bolivia no se vende’, queridos presentes, a la Bolivia ya la vendieron toda. ¿Cómo es eso que Bolivia no se vende? A la Bolivia, los último 20 años, la vendieron toda. ¿Acaso hay gas en Bolivia? ¿Acaso hay litio en Bolivia? ¿Qué nos han dejado si estamos administrando crisis? (…) Porque ha sido 20 años de abuso de la justicia, de la economía, de las instituciones”, indicó el mandatario.
Paz afirmó que el daño no solo fue económico, sino también institucional, especialmente en el ámbito de la justicia, donde se socavó la credibilidad durante años. Remarcó que hoy incluso desde el propio sistema judicial se habla de “recuperar” lo que fue destruido.
En ese marco, el presidente señaló que el país fue dejado en una situación crítica, con recursos agotados y una población golpeada por el aumento de la pobreza, lo que obliga a replantear el rumbo nacional desde la reconstrucción institucional.
“La verdad fue que nos dejaron quebrados, la verdad es que 60 mil millones de dólares hayan desaparecido de este país sin dejarnos nada a cambio más que sufrir las consecuencias de la pobreza”, remarcó la autoridad.
Paz sostuvo que Bolivia necesita relanzarse desde la institucionalidad, con responsabilidades claras y respeto al Estado de derecho, y criticó que se utilicen consignas de soberanía cuando el país ya pagó el costo de decisiones que hipotecaron su futuro.






