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Aumentó la tasa de suicidios en Japón y lo atribuyen al deterioro de la salud mental provocado por la pandemia

Éxito Noticias, 9 de octubre 2020.- El número de suicidios en Japón aumentó en agosto, producto de un incremento de mujeres y niños en edad escolar que decidieron quitarse la vida, lo que ofrece un primer pantallazo de las consecuencias en la salud mental que provoca el COVID-19 en todo el mundo.

Japón es uno de los pocos países que publica datos precisos sobre suicidios, ya que es considerado un problema social persistente allí. Las cifras apuntan a lo que podría estar sucediendo en todo el mundo a medida que los países luchan contra las consecuencias del desempleo masivo y el aislamiento social, que afecta a ciertos grupos de personas más que otros.

Los sociólogos han advertido bastante en estos meses que la perturbación económica y social provocada por las medidas para contener el coronavirus podría causar más muertes que la propia enfermedad. En Japón, la tasa de suicidios ha disminuido, pero sigue siendo una de las principales causas de muertes prematuras: este año, más de 13.000 se han quitado la vida, mientras que los fallecimientos totales por COVID-19 son menos de 2.000.

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Según las estadísticas del gobierno japonés, el número de suicidios en agosto fue de 1.854, un incremento del 15,4%. Aunque representa una proporción menor de los suicidios, el número de mujeres que se quitaron la vida aumentó alrededor del 40%. Las cifras de suicidios de estudiantes de escuelas primarias y secundarias se duplicaron a 59% con respecto al mismo período del año pasado.

El costo de la salud mental parece ser uno de los más complicados de medir de la pandemia, dada la dificultad de comprender la magnitud del daño autoinfligido hasta que es demasiado tarde. Grandes economías como Estados Unidos y China no informan datos oficiales sobre suicidios hasta años después, aunque los expertos han predicho una ola de muertes por este motivo, mientras abunda evidencia de decesos por estos actos en las redes sociales.

“Las cifras actualizadas de suicidios pueden ayudar a determinar rápidamente qué grupos están en alto riesgo”, expresó Yasuyuki Sawada, economista jefe del Banco Asiático de Desarrollo (ADB) y profesor de la Universidad de Tokio que ha escrito libros sobre la prevención del suicidio y el impacto económico del fenómeno. “Si los gobiernos locales pueden determinar qué grupos de edades o qué ocupaciones presentan un mayor riesgo de suicidio, las medidas de prevención del suicidio se pueden implementar rápidamente”, añadió.

Un estudio estadounidense publicado en mayo predijo que hasta 75.000 personas más podrían morir en la próxima década por “muertes por desesperación” como resultado de la crisis del coronavirus, un término que se refiere a suicidios y muertes relacionadas con el abuso de sustancias. En India, el 65% de los terapeutas informaron un aumento en las autolesiones y las ideas suicidas entre los pacientes desde que comenzó la pandemia, según un estudio publicado en septiembre por la Fundación India para la Prevención del Suicidio.

El coronavirus no solo ha provocado un aumento del desempleo en todo el mundo, sino que también ha alterado las normas sociales y ha detenido la interacción comunitaria, factores clave que se sabe empeoran la salud mental. Más del 60% de los 130 países encuestados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraron que los servicios de salud mental para poblaciones vulnerables se vieron interrumpidos como resultado de la pandemia, según un informe publicado esta semana. La tendencia en Japón revela que la pandemia también está agregando nuevos factores de estrés potencialmente mortales: las llamadas a las líneas telefónicas de ayuda para casos de violencia doméstica han aumentado ya que las familias permanecen más tiempo en casa.

Económicamente, el coronavirus ha afectado de manera desproporcionada a las mujeres, que presentan más probabilidades de tener un empleo irregular en las industrias minoristas o de servicios: representaron casi el 66% de las pérdidas de empleos recientes en Japón.

En Corea del Sur, que tiene la tasa de suicidios más alta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), también se produjo un aumento en el número de mujeres que se suicidaron en marzo, abril y junio, aunque el número total de suicidios entre enero y julio disminuyó en comparación con el año anterior.

En general, la depresión es más común en las mujeres y la adicción es más frecuente en los hombres, por lo que la pandemia prolongada podría haber afectado el aumento en la tasa de suicidios de mujeres, aseguró Paik Jong-woo, director del Centro de Prevención de Suicidios de Corea del Sur.

“Las medidas de salud pública y prevención de enfermedades infecciosas no son suficientes para salvar vidas por sí solas”, dijo Toshihiko Matsumoto, director del departamento de Investigación de la Farmacodependencia del Instituto Nacional de Salud Mental de Japón. Además, hizo énfasis en la necesidad de tener espacios donde las personas puedan estar alejadas de la presión familiar y al mismo tiempo evitar condiciones de hacinamiento con riesgo de infección.

Los niños presentan una situación aún más compleja. Presionados por la pandemia, los padres estresados “pueden no estar percibiendo señales de sus hijos y no ser lo suficientemente compasivos con sus problemas”, afirmó Mayumi Hangai, médico del Centro Nacional para la Salud y el Desarrollo Infantil, quien ha realizado un estudio de los niveles de estrés de los niños durante el coronavirus.

Cualquier estrés o infelicidad que muestren los padres también podría transferirse a sus hijos, quienes carecen de medios sociales cuando las escuelas están cerradas y las actividades extracurriculares no están disponibles. Aunque Japón ha visto caer los suicidios en general durante la última década, los jóvenes menores de 20 años son el único grupo que ha experimentado un repunte.

En Asia, el número de víctimas podría verse agravado por un mayor estigma en torno a los problemas de salud mental en comparación con las sociedades occidentales. En Japón, por ejemplo, existe una presión social para no mostrar los propios sentimientos y la verdadera personalidad de cada uno.

Los suicidios disminuyeron durante el estado de emergencia ordenado por el gobierno para frenar la propagación del virus, que los expertos atribuyeron a que las personas estaban alejadas del estrés de los lugares de trabajo y las escuelas. También se debió a una solidaridad colectiva que emergió, como suele suceder en guerras y desastres naturales.

Pero cuando la economía comenzó a reabrirse, partes de la población se quedaron atrás, como los trabajadores despedidos o aquellos que continuaron confinados en casa. Las escuelas reabrieron en junio después de un cierre de tres meses, que vio un aumento en los informes de acoso escolar y de estrés por ponerse al día con las tareas.

“Los niños se sienten aún más presionados para ponerse al día con el retraso”, sostuvo Hiroyuki Nishino, director de Tamariba, una organización sin fines de lucro que ayuda a los niños con dificultades. La interrupción causada por el COVID-19 está exacerbando el fenómeno profundamente arraigado del futōkō: niños que se niegan a ir a la escuela. Estos chicos tienen un alto riesgo de suicidio. “Hemos escuchado a niños de hasta cinco años hablar de morir o con intenciones de desaparecer”, manifestó Nishino.

Según Lifelink, una organización sin fines de lucro con sede en Tokio que opera una línea de ayuda para suicidios, alrededor del 20% de las llamadas recibidas entre mayo y agosto fueron de niños de escuelas primarias y secundarias. Las aplicaciones de mensajería resultaron efectivas para que los niños busquen ayuda, ya que algunos pueden usarlas sin el conocimiento de los padres, expresó Yasuyuki Shimizu, director de Lifelink. Esto es muy importante en casos de violencia doméstica.

En julio, el gobierno asignó un presupuesto suplementario de 1.100 millones de yenes para la prevención del suicidio, además de los 2.600 millones aprobados en abril. Los gobiernos de Japón y Corea del Sur, a pesar de las disputas sobre el comercio y los derechos territoriales, intercambian regularmente ideas sobre estrategias de prevención del suicidio, según un funcionario del Centro de Prevención del Suicidio de Corea.

Expertos aseguraron que la financiación y la inversión en infraestructura de salud mental para atender a las poblaciones vulnerables son requeridad con urgencia a raíz del COVID-19. Los servicios de salud mental están crónicamente sub financiados en todas partes, a pesar de que los estudios han demostrado que invertir un dólar estadounidense (aproximadamente 106 yenes) en atención para la depresión y la ansiedad puede generar 5 dólares en productividad económica, según la OMS.

“El apoyo financiero del gobierno es importante, pero también lo es reconocer que la salud mental es un problema”, aseguró Sawada, del ADB. “Las medidas para abordar la salud mental también deben ser un pilar de la política de salud pública”, agregó.

//Infobae

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