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COVID-19: ¿existen los supercontagiadores?

Éxito Noticias, 24 de junio 2020.- Desde que hace unos meses estallara la pandemia de COVID-19 se ha hablado mucho del posible papel de los supercontagiadores en la expansión del virus. Este término, ya empleado durante otras epidemias, se refiere a personas que tendrían una mayor capacidad para transmitir un virus causante de enfermedades infecciosas.

En el caso del SARS-CoV-2 se han registrado con mucho detalle algunos episodios de contagio masivo en distintos países del mundo. Por ejemplo, a primeros de marzo, una sola persona contagió a otras 52 durante el ensayo de un coro en el estado de Washington en Estados Unidos. En España también hemos tenido casos documentados en los que unos pocos individuos habrían sido capaces de infectar a una gran cantidad de gente. Se estima, de hecho, que un 20 % de los infectados estaría contribuyendo a un 80 % de las transmisiones. Se trataría, según los expertos, de personas que por algún motivo desconocido habrían sido portadoras de una elevada carga viral y, o bien se encontraban en las primeras fases de la infección, antes de manifestar síntomas, o bien habrían pasado la enfermedad de forma asintomática. De todos modos, más allá de esas hipótesis, lo cierto es que hoy por hoy no se conocen cuáles son las características, si es que las hay, que contribuyen a que una persona tenga más capacidad de transmitir el virus.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el Hospital Universitario de dicha ciudad (SERGAS) ha publicado los resultados preliminares de un trabajo que concluye que estos supercontagiadores podrían estar detrás de una buena parte de los casos de COVID-19 en España y en el mundo. Los científicos examinaron más de 4 700 genomas de SARS-CoV-2 de distintos países y encontraron múltiples episodios de cuellos de botella, muy probablemente asociados con huéspedes superpropagadores, que explicarían en gran medida la pandemia de COVID-19. Se trata de un estudio basado, eso sí, única y exclusivamente en el genoma de los virus, con muy poca información epidemiológica y clínica sobre los pacientes – tan solo sexo y edad -. “Nuestro objetivo no es hacer una valoración de qué características tendría un supercontagiador, en el caso de que efectivamente existiera una correlación entre determinados rasgos clínicos de los pacientes y las distintas cepas de virus”, nos explica Antonio Salas, uno de los autores de la investigación. “Es decir, la intención no es hacer un estudio epidemiológico en el que se hace una investigación casi policial para saber quién ha sido el paciente cero, a quienes pudo contagiar, y reconstruir los eventos como quien reconstruye la escena de un crimen”.

Sin embargo, el trabajo aporta información muy valiosa para ayudar a entender lo que ha pasado. “Uno de los pilares de este trabajo, a mi juicio, es la elaboración de esa especie de árbol genealógico que nos permite explorar cómo se ha movido el virus por el mundo y reconstruir los patrones de dispersión. Es un análisis imposible de hacer si no se parte de una buena clasificación del virus”, nos  explica el científico.

Distintos patrones de transmisión

“En todas las epidemias hay diferentes patrones de transmisión, y uno de ellos es el del supercontagiador”, indica Salas. “Para que se produzca este tipo de contagio se tienen que dar varias circunstancias: la primera de ellas es encontrar un mismo perfil genético que se repite muchas veces, pues esto denota que una sola persona es capaz de transmitir el mismo virus a otras muchas. Además, esto tiene que tener lugar en un espacio geográfico determinado y en un lapso de tiempo muy corto, porque no tiene sentido que un supercontagiador contagie hoy y dentro de dos meses”.

Este tipo de patrón de contagio es muy diferente, por ejemplo, a la transmisión en cadena, en la que un individuo transmite el virus a otro, este a su vez a otro, y así sucesivamente. “Estudiando la variabilidad genética del virus puedes ver esas diferencias: generalmente, alrededor de un supercontagiador tenemos un linaje concreto con una frecuencia muy elevada y otros linajes que emergen, a su vez, del principal”, explica el investigador. “En el caso de una cadena de contagio el patrón cambia porque se van produciendo mutaciones consecutivas, de modo que no hay un linaje principal que sobresalga por encima de los demás”.

¿Supercontagiadores  o eventos de supercontagio?

Como ya hemos dicho, se estima que en el caso del SARS-CoV-2 un 20 % de los contagiados podría estar contribuyendo al 80 % de las infecciones, e incluso ya se empieza a hablar de que esa relación podría llegar a ser de 10-90. Pero para que se produzca este contagio masivo no basta con ser portador de una elevada carga vírica, también hay que estar, como quien dice, ‘en el lugar adecuado y en el momento adecuado’.

“Hay una serie de factores que son amplificadores, esto quiere decir que aumentan mucho la probabilidad de que se dé una transmisión: entornos cerrados, gran número de personas alrededor y contacto continuo”, nos explica Iñaki Comas, investigador del Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC) y miembro de la Plataforma Temática Interdisciplinar Salud Global/Global Health puesta en marcha por el CSIC para abordar los retos que plantea la epidemia del coronavirus desde el punto de vista de la ciencia. “Tenemos muchos ejemplos de eventos de superdispersión, basta irse a lo que ha pasado en Alemania estos días. En la industria agroalimentaria y de procesamiento de carnes hay un riesgo elevado de sufrir brotes: hablamos de mucha gente que trabaja en contacto estrecho en un entorno cerrado en el que hace frío. Además, hay ruido, así que hay que gritar más… es el caldo de cultivo perfecto. Y lo de Alemania no ha sido una excepción, en Estados Unidos ha habido brotes en industrias de este tipo que han tenido que cerrar, tenemos ahora el caso de los rebrotes en Huesca… se producen muchos infectados a partir de un solo evento que reúne las condiciones adecuadas para facilitar la transmisión”, explica el investigador.

¿Con qué nos quedamos, entonces? ¿Supercontagiadores o eventos de supercontagio? De momento, parece que hay una mezcla de ambas situaciones. “La variabilidad genética se puede cuantificar con números”, nos explica Antonio Salas. “Un árbol filogenético es una topología, una forma, y a esa forma tú le puedes poner números que, cuando se acercan a un valor determinado, nos indican que hay una persona que ha sido capaz de contagiar a muchas otras más. Nuestros resultados nos indican que detrás de estos patrones de transmisión se esconde la figura del superdispersor, y además esta habría tenido un peso importante en la expansión de la epidemia a nivel global”, indica el experto. “En la misma imagen se pueden mezclar ambas cosas, tanto supercontagiadores como grandes eventos de contagio. Nosotros no podemos separar exactamente cuántos de esos han sido frutos del contagio desde una única persona o de varias, pero en términos globales en esa imagen que vemos parece que ha jugado un papel importante el supercontagiador”.

El estigma del supercontagiador

Uno de los problemas, al menos ‘a nivel de calle’, de hablar de personas superdispersoras es la estigmatización que supone este término. “Sabemos que cerca del 40 % de la población que ha pasado la COVID-19 lo ha hecho de forma asintomática, así que muchos de esos supercontagiadores no podían saber que lo estaban trasmitiendo, nadie se ha ido a ningún sitio a posta para contagiar a mucha gente. Por eso intentamos evitar ese término y hablar de eventos de superdispersión donde se dan todas las condiciones que amplifican las posibilidades de contagio masivo”, explica Iñaki Comas. “Evidentemente hay un factor dependiente de la persona, no todo el mundo transmite el virus, pero esta capacidad se amplifica mucho en función del tipo de actividades que se realicen”.

Cuanto más sepamos, mejor

Nos encontramos frente a la pandemia más devastadora del siglo XXI. Los científicos trabajan a matacaballo para avanzar lo más rápido posible en la búsqueda de tratamientos y vacunas para hacerle frente, y toda información nueva sobre este virus aún tan desconocido debe ser bienvenida. Cada día hay nuevas publicaciones y datos, pero todo va muy deprisa y se traslada a la sociedad demasiado rápido, casi sin filtrar, generando una avalancha de sobreinformación sobre los ciudadanos que aturde y confunde.

La figura del supercontagiador es controvertida y efectivamente puede generar estigmas muy dañinos cuando hablamos de ello con demasiada ligereza desde los medios de comunicación o en conversaciones de calle. No olvidemos la serie de episodios racistas que se han producido estos meses contra los ciudadanos de Wuhan o, en la misma línea, las matanzas indiscriminadas de murciélagos en distintas partes del mundo por hacerles culpables de la pandemia.

A nivel científico, es necesario profundizar en el conocimiento del SARS-CoV-2 y hacerlo desde todos los frentes. “Desde el punto de vista práctico podemos pensar que no existen grandes diferencias entre eventos de superdispersión o personas superdispersoras, a fin de cuentas es un supercontagio, y punto”, reflexiona Salas. “Pero creo que es muy importante conocer cuál es el modo de transmisión, saber cuáles son los mecanismos moleculares que subyacen en un súpertransmisor. Si los llegamos a conocer va a ser un avance muy interesante que nos ayude a luchar contra el virus”.

Y, mientras los científicos avanzan en ese conocimiento tan necesario, lo que nos debería quedar claro a los ciudadanos es que, puesto que hoy por hoy no conocemos cuáles son sus características, cualquiera de nosotros podría ser un supercontagiador. Como indica Iñaki Comas: “Potencialmente todo el mundo puede transmitir, y por eso es tan importante mantener las distancias, usar las medidas de protección y evitar en la medida de los posible los eventos en los que se reúnan todas las circunstancias que podrían desencadenar un contagio masivo”.

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